El premio más familiar de Muros

Una vivienda Passivhaus en Muros de Nalón proyectada por la arquitecta Amaya Salinas para sus padres, distinguida en los galardones de construcción sostenible

Una casa totalmente aislada, sin infiltraciones, climatizada por la orientación y con la máxima calidad del aire interior. Bajo esos preceptos, la arquitecta Amaya Salinas de León construyó una casa para sus padres en Muros de Nalón que le ha valido el accésit nacional de vivienda unifamiliar de los premios de Construcción Sostenible. La casa se inspira en el estándar alemán Passivhaus (“Casa Pasiva”), que supone una reducción del consumo energético del orden del 70 por ciento. Un ahorro en la factura de la luz que se agradece. “Se vive muy bien aquí, es agradable y confortable, y con poner la estufa una hora por la tarde ya no tienes que encenderla al día siguiente”, explica Alicia de León Arce, la propietaria de la vivienda.

La casa tiene un consumo “casi nulo”, detalla Salinas, “con menos de 15 kilovatios, cuando lo normal son cuarenta”. La diferencia se explica entre una cafetera eléctrica y un termo. La primera calienta el agua sólo cuando está enchufada y, sin embargo, el termo permite que esté caliente o fría durante largo tiempo.

Unos consumos que se consiguen bajo la normativa alemana. La fachada principal está orientada al norte y prácticamente cerrada, como un bloque. Y la parte de atrás son ventanales, que recuerdan las galerías de las casas asturianas, dice su creadora. Y cuentan con paneles de madera correderos para forrar la vivienda. “La casa está muy aislada y es muy estanca, hermética, lo que mejora la ventilación, con una mecánica de recuperación del calor”, explica.

Aunque fuera haya cero grados centígrados, la casa se mantiene en los veinte. Y esto es posible gracias a que el aire sucio y caliente que sale por los conductos le cede el calor al frío que entra, haciendo que siempre esté renovado en toda la vivienda: “La calidad del aire que respiras es muy buena y evita el polvo y la condensación”. Además, los estándares de sostenibilidad exigen que por cada árbol de castaño asturiano empleado en la obra se plante otro.

“Son de kilómetro cero”, apostilla De León. La idea de hacer una casa era que cupiese toda la familia, con cuatro hijos y seis nietos. Y eso que De Arce no tuvo nunca pensando tener casa en Asturias, “pero a los niños les gusta mucho y la disfrutan”. Y son precisamente los doscientos metros cuadrados de la vivienda lo que permite que tenga dos espacios diferenciados para cuando está el matrimonio y cuando están todos reunidos. Una familia más que numerosa que gasta en energía lo que un secador.

FUENTE: “La Nueva España” 14.02.2017